La invasión de los bárbaros

Asignatura: Historia |

La invasión de los bárbaros comenzó como una lenta y pacífica penetración en el decadente Imperio Romano. Y terminó con el terrible saqueo de la Ciudad Eterna y el derrumbe del que fuera el más poderoso imperio de la Tierra.

Los bárbaros, nuestros vecinos
La palabra “bárbaro” tiene actualmente otro sentido y es sinónimo de rudo e incivilizado. En realidad, los romanos designaban como bárbaros a los extranjeros que no hablaban latín ni griego. Los bárbaros habitaban en las fronteras del dilatado Imperio, y constituían un constante motivo de inquietud para las poderosas y altivas legiones romanas. En el siglo II, el Imperio se extendía desde el Atlántico hasta el río Éufrates, y desde el norte de África y el mar Negro hasta los ríos Danubio y Rin. Al norte del Imperio, los principales pueblos bárbaros eran los celtas, los germanos, los eslavos y los tártaros, estos últimos de origen mongoloide. Pero fueron los germanos los que mayor influencia ejercerían en la historia posterior de Occidente.

Los rubios bárbaros del hidromiel
Los germanos eran altos, rubios y de ojos azules; vivían dedicados a la caza y al cuidado de sus rebaños. El nombre de germanos proviene de “germanien”, voz que significa vociferadores. Los germanos tenían la costumbre de combatir entonando el barrit, canto guerrero que comenzaba con un murmullo y terminaba con un griterío ensordecedor. Practicaban muy poco la agricultura, y habitaban en aldeas, en casas de madera y barro. Casi todos los trabajos estaban a cargo de los ancianos, las mujeres y los niños; los hombres guerreaban, cazaban y celebraban festines donde bebían hidromiel, bebida preparada con agua y miel fermentada.

Los emperadores romanos procuraron mantener a los germanos más allá del Rin y del Danubio. Entre los pueblos germanos estaban los escandinavos, al norte de Europa; los francos (divididos en anglos, sajones, daneses, etc.), al oeste; los vándalos, alanos y lombardos, al este; y en las proximidades del Mar Negro, los visigodos y los ostrogodos.

Las tribus que habitaban en las fronteras del Imperio estaban profundamente influidas por el modo de ser latino. Muchos germanos, atraídos por una cultura superior, fueron penetrando pacíficamente en el Imperio como labradores o ingresando en las legiones romanas como mercenarios.

El pueblo que hizo temblar a Europa
Habían transcurrido ya tres siglos de nuestra era, cuando avanzaron desde Asia unos hombres de pequeña talla, cabellos lacios, pómulos salientes y ojos oblicuos. Su solo nombre hizo temblar a Europa: eran los hunos. Estos individuos nómadas, excelentes jinetes, se alimentaban de raíces y carne medio cruda, que maceraban sobre el lomo de sus caballos. Vestían túnicas de lino y casacas de cuero de ratas, y enrollaban pieles de cabra en torno de sus piernas. Saqueando, matando y cobrando tributo a los pueblos vencidos, los hunos sembraron el pánico, y los germanos se movieron violentamente ante su proximidad.

Es difícil seguir los desesperados movimientos de pueblos que se produjeron durante los siglos IV y V. Cuando los hunos llegaron al mar Negro, los ostrogodos se sometieron. Pero los visigodos prefirieron huir ante su amenazadora presencia. Cruzaron las fronteras del Imperio e intentaron atravesar los Balcanes. El emperador Valente, en el 378, intentó detenerlos en Adrianópolis. Los visigodos se atrincheraron en sus carros de guerra y destruyeron al ejército romano, muriendo en la lucha el propio emperador.

Su sucesor, Teodosio, firmó un pacto con los visigodos, por el cual se convertían en aliados o “federados”; los visigodos podrían residir en el Imperio (en Bulgaria) y tener esclavos y ganado, a cambio de prestar el servicio de las armas. A la muerte de Teodosio, el Imperio Romano fue dividido entre sus hijos Honorio, emperador de Occidente, y Arcadio, emperador de Oriente. El general y ministro de Honorio era un bárbaro: el vándalo Estilicón.

La venganza de Alarico
Los visigodos, al mando de Alarico, intentaron penetrar en Italia, pero se lo impidieron las legiones de Estilicón. Fue entonces cuando el emperador cometió un trágico error: comenzó a temer el poder de su defensor, y ordenó su asesinato. Los componentes del ejército de Estilicón huyeron en busca de Alarico, y comenzó la venganza de los bárbaros.

Alarico traspuso los Alpes y los Apeninos, y puso sitio a Roma. La orgullosa Ciudad Eterna, amenazada por el hambre y las epidemias, imploró clemencia. Alarico exigió la libertad de los esclavos bárbaros y todo el oro y la plata que hubiera en la ciudad. “¿Qué nos dejas, entonces?”, preguntaron los apesadumbrados embajadores romanos. “La vida”, fue la única respuesta del caudillo godo.

El saqueo de Roma
Alarico se retiró a Etruria, pero exigió la entrega de Dalmacia y Venecia. La nueva exigencia fue negada; Alarico se presentó entonces nuevamente en Roma, y comenzó un largo asedio. Corría el año 410 de nuestra era. Después de un violento asalto, Alarico penetró con sus tropas en la ciudad. Con él lo hicieron los esclavos liberados en el sitio anterior, deseosos de vengarse de sus antiguos amos. Satisfecha su venganza, Alarico se retiró al sur y murió antes de pasar a Sicilia. Su sucesor, Ataúlfo, pactó con el emperador.

El azote de Dios
A mediados del siglo V, los hunos se unificaron bajo un jefe brillante, pero cruel e implacable: Atila. Este se enorgullecía de que donde pisaba su caballo no volvía a crecer el pasto, y se llamaba a sí mismo “el azote de Dios”, enviado para castigar al mundo por sus pecados. Decía tener en su poder la espada de Marte, el dios de la guerra. En su campamento, situado entre el Danubio y los Cárpatos, erigió un palacio, junto a las barracas de sus guerreros. Allí eran recibidos los embajadores y jefes bárbaros, y servidos en platos de plata; pero Atila prefería la simplicidad de una vajilla de madera. También era modesta su vestimenta, comparada con el oro y las piedras con que se adornaban sus colaboradores.

Atila, al mando de medio millón de guerreros, avanzó saqueando y destruyendo; los pueblos huían aterrorizados ante él. En el año 451 se lanzó a la conquista del Imperio. El rey visigodo Teodorico y los romanos se unieron para combatirlo, y por fin lograron derrotarlo en los Campos Cataláunicos. Al año siguiente, Atila invadió Italia. Turín, Padua, Verona, Milán y otras ciudades fueron saqueadas e incendiadas. Pero Roma se salvó.

En el verano del 452, cerca de Mantua, Atila se entrevistó con el Papa León I y otros dos emisarios romanos. Nadie sabe exactamente de qué hablaron. Después de la entrevista, Atila resolvió abandonar Italia. Quizás un verdadero milagro ablandó su corazón; quizá, tan solo lo guió el temor a la peste que asolaba la península.

Nuevamente en el Danubio, Atila murió en el 453. Su imperio fue dividido entre sus muchos hijos, que fueron incapaces de conservarlo.

Los vándalos
A principios del siglo V, también los burgundios, alanos, suevos y vándalos avanzaron hacia Italia. Rechazados por Estilicón, los burgundios se establecieron en el Ródano y los demás pueblos penetraron en España. Los vándalos dieron su nombre a Vandalucía (Andalucía); luego cruzaron a África y allí establecieron un reino con capital en Cartago.

En el año 455, los vándalos asestaron un golpe de gracia al tambaleante Imperio Romano: durante quince días saquearon Roma y llevaron miles de esclavos a Cartago. Por eso, aún en la actualidad se designa como “vándalo” al individuo cruel y destructor.

El ocaso del Imperio
El Imperio Romano de Occidente entraba en su ocaso definitivo. Había quedado reducido a Italia y algunos territorios al norte de la península. Quienes realmente ejercían el poder eran los jefes de los ejércitos germánicos allí acampados, poniendo y quitando emperadores a voluntad.

Rómulo Augústulo, un joven de catorce años, fue el último emperador. Lo destronó Odoacro, quien tomó el título de rey de Italia en el año 476. Comenzaba la Edad Media, y los bárbaros serían los principales protagonistas de un capítulo más en la historia de la humanidad.

 

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Enviado por Manuel García F. el 31 agosto, 2011. Asignatura Historia. Puedes seguir cualquier aportación hecha por los usuarios a esta entrada mediante RSS 2.0. O dejar tu opinión.

Una opinión en La invasión de los bárbaros

  1. Muy lindo tu trabajo, te felicito.

    Fernanda
    22 mayo, 2012 a las 0:07
    Responder

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