Los castillos

Asignatura: Historia |

En la galería (de izquierda a derecha): Alcázar de Segovia (España), Castillo de Coca (Segovia, España), Castillo de La Mota (Valladolid, España), Castillo de Frías (Burgos, España), Castillo de Angers (Francia), Castillo de Azay-le-Rideau (Francia), Castillo de Chenonceau (Francia), Castillo de Fenis (Italia), Castillo del Monte (Italia), Castillo de Kronborg (Elsinore, Dinamarca), Castillo de Neuschwanstein (Baviera, Alemania), Castillo de Windsor (Inglaterra).

Los castillos eran recintos fortificados que se construyeron principalmente en la Edad Media. En ellos vivían los señores feudales con sus familias, pero en épocas de guerra acudían a refugiarse también los vasallos y campesinos de los alrededores. Testigos de cruentas luchas entre cristianos, bárbaros y musulmanes, los castillos medievales dejaron de ser sólidas fortalezas al aparecer las armas de fuego, cuyos proyectiles podían derrumbar sus muros, y desde el siglo XVI se transformaron en residencias más lujosas y confortables.

Su origen
La palabra castillo viene del latín castellum, que significa pequeño recinto fortificado. Los antiguos propietarios romanos solían fortificar sus viviendas de campo, y los soldados romanos también construían, en los territorios que conquistaban, pequeños fuertes que estaban rodeados por una empalizada de madera y un foso lleno de agua. Con la tierra extraída del foso se formaba un montículo artificial que facilitaba la defensa, y allí se levantaban las habitaciones y una torre para vigilar los alrededores y advertir la llegada de los enemigos.

Los bárbaros aprendieron de los romanos a construir este tipo de fortalezas, y hacia el siglo X la piedra reemplazó a la madera, dando mayor solidez a los monumentales edificios.

El castillo, un conjunto de fortificaciones
Si se analizan las partes de un castillo se ve que, en suma, son un conjunto de fortificaciones. Por lo general, se edificaban en lugares altos, sobre colinas, promontorios rocosos, etc., para dominar así los alrededores. Al llegar desde la campiña se encontraba la primera fortificación, llamada barbacana, rodeada de una fila de estacas de madera sólidamente unidas. Luego estaba el foso, profundo y lleno de agua, que rodeaba las gruesas y altas murallas de piedra. En lo alto de la muralla estaba el camino de ronda por el que podían circular los soldados o la población sitiada, que desde allí arrojaban proyectiles resguardándose tras las almenas. También delante de las almenas había galerías con hendiduras, desde donde se podía arrojar piedras y agua o aceite hirviendo sobre los enemigos.

Para entrar en el castillo se atravesaba el foso por un puente levadizo, que estaba sostenido por cadenas y que se alzaba cuando quería interrumpirse la comunicación, cerrando así la entrada. Al pasar el puente se llegaba a la puerta, defendida por un rastrillo de hierro; bastaba dejar caer este para impedir el paso. La entrada estaba flanqueada por dos torres con vigías y soldados. También había torres en los flancos provistas de víveres y armas como para resistir si caían otras partes del castillo.

Tras franquear la entrada se llegaba al primer patio, rodeado de construcciones como graneros, bodega, capilla, cocina, caballerizas, corrales, etc. En los grandes castillos, este patio se convertía en un pequeño pueblo cuando se refugiaban los campesinos con sus enseres y animales en caso de guerra.

Luego se pasaba al edificio principal o torreón, que, a veces, estaba circundado por un foso. En el torreón o torre de homenaje vivían el señor y su familia. Allí tenían sus habitaciones y una amplia sala donde se celebraban festines y reuniones. En los subterráneos se hallaban las prisiones, oscuras y húmedas, y en la parte más alta del torreón estaba el atalaya, desde donde se vigilaban los alrededores, El interior era rústico y el mobiliario muy simple.

Castillos famosos
En la meseta española se construyeron en la Edad Media, especialmente durante la reconquista del territorio ocupado por los musulmanes, numerosos recintos fortificados que terminaron por denominar a toda la región y luego al reino con el nombre de Castilla. Entre ellos se destaca el castillo de La Mota, en Valladolid, refugio de la reina Isabel la Católica. No menos famosos son el de Segovia, el de Frías, en Burgos, el de Arévalo, en Ávila, etc. El valle del río Loire, en Francia, es la región donde se conserva gran cantidad de castillos, y allí puede seguirse la evolución de los mismos. Los más antiguos son los de Chinon Angers, los más modernos, los de Chambord, Villandry Azay-le-Rideau y Chenonceau. En Gran Bretaña es famoso el castillo de Windsor, residencia de la familia real; en Dinamarca, el de Kronborg, en Elsinore, inmortalizado por Shakespeare en su tragedia Hamlet. Y así podríamos citar otros castillos que aún se conservan como mudos testimonios de la época feudal, a la que dieron su marco característico. La invención de las armas de fuego mató a los castillos-fortalezas, pero dio origen a los castillos-palacio.

 

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Enviado por Manuel García F. el 23 julio, 2011. Asignatura Historia. Puedes seguir cualquier aportación hecha por los usuarios a esta entrada mediante RSS 2.0. O dejar tu opinión.

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