Los eclipses

Asignatura: Ciencias |

En el transcurso de un año la Luna y el Sol parecen ocultarse misteriosamente, como si desaparecieran del cielo. Este fenómeno, llamado eclipse, llenaba de terror a los pueblos de la Antigüedad, pero hoy la ciencia lo ha aclarado perfectamente, librando al mundo de los temores supersticiosos. Más aún, los científicos aprovechan los eclipses del Sol para estudiar la estructura y los fenómenos que ocurren en el astro, y los de la Luna para conocer mejor la alta atmósfera terrestre.

¿Qué son los eclipses?
Se llama eclipse a la desaparición total o parcial de un astro, motivada por la interposición de un cuerpo entre este astro y el ojo del observador o entre este astro y el Sol que lo ilumina.

Los eclipses pueden ser de Luna o de Sol o de otros astros, por ejemplo: los eclipses de los satélites de Júpiter.

Eclipses de Luna
Los eclipses de Luna se producen cuando esta, en su movimiento, se coloca en el cono de sombra que proyecta la Tierra, porque nuestro satélite se halla a una distancia tal que puede entrar en ese cono de sombra. Los eclipses de Luna pueden ser totales o parciales. Los primeros se producen durante el plenilunio, es decir, cuando la Luna se halla en oposición con el Sol y penetra en el cono de sombra de la Tierra.

Para que se produzca un eclipse es preciso que el Sol, la Tierra y la Luna se encuentren en el mismo plano o su prolongación. Pero esto no sucede siempre, por lo general la Luna pasa más arriba o más abajo de dicho plano, pues el de su órbita no coincide con el de la eclíptica.

Los eclipses parciales de Luna tienen lugar cuando el satélite va penetrando en el cono de penumbra proyectado por la Tierra.

Los eclipses de Luna pueden ser vistos desde todo un hemisferio terrestre, precisamente desde el que se halla opuesto al Sol. En su totalidad dura dos horas. Es curioso que durante este fenómeno la Luna aparezca de color rojizo, ya que siendo un cuerpo opaco o sin luz propia debería desaparecer por completo. ¿A qué se debe ese color? Pues, a la refracción de los rayos solares en la atmósfera terrestre.

Eclipses de Sol
Los eclipses de Sol se producen por la interposición de la Luna entre este astro y la Tierra. Puede ser total, parcial o anular. El eclipse total de Sol ocurre cuando el observador terrestre se halla dentro del cono de sombra que proyecta la Luna. Pero como también esta proyecta una zona de penumbra, los habitantes que se encuentran en ella tienen un eclipse parcial. La faja de nuestro planeta que ve un eclipse total es muy angosta, unos 200 kilómetros, por eso es difícil ver este fenómeno. Los eclipses totales tienen interés científico para estudiar la corona solar.

Cuando el cono de sombra de la Luna no llega hasta nuestro planeta, a causa de la distancia a la que se encuentra el satélite, se produce un eclipse anular. Durante el mismo, los bordes del Sol sobresalen y se oculta la parte central.

Los eclipses son fenómenos periódicos
Las lunaciones, es decir, el tiempo comprendido entre dos lunas nuevas consecutivas y cuya duración es de 29 días, 12 horas y 44 minutos, combinadas, además, por pasajes periódicos de la Luna por la eclíptica, dan a los eclipses una periodicidad de 18 años, y 10 u 11 días. Este período comprende 84 eclipses, de los cuales 42 son de Luna y 42 de Sol. Los antiguos caldeos, que habitaban la Mesopotamia asiática unos 2.000 años antes de Cristo, habían observado este curioso fenómeno y llamaron saros a este período de 6.585 días.

Los eclipses en la Antigüedad
El hombre primitivo, que no podía explicarse la causa de los eclipses y que, de pronto, en un día radiante, veía desaparecer un astro luminoso como el Sol y cubrirse la atmósfera de una extraña penumbra, sentía inmenso pavor por ellos. Los antiguos habitantes de la India decían que un dragón fabuloso intentaba comerse al Sol. Los griegos sostenían que el poderoso Zeus, padre de los dioses y de los hombres, tapaba al Sol para que las otras divinidades no pudiesen ver lo que en ese momento estaba pasando en la Tierra. En todas las partes de la Tierra ocurría algo semejante, aún en pueblos que no tenían el más mínimo contacto entre sí. Los primitivos habitantes del Perú azotaban a los perros para que estos, con sus aullidos, ahuyentaran a los espíritus malignos que intentaban llevarse a los astros.

Eclipses de Luna históricos
En su último viaje a las tierras por él descubiertas, Cristóbal Colón se encontró de pronto rodeado de indígenas caribes. Nada podía hacer el Almirante para lograr que lo dejaran en libertad junto con sus compañeros. Colón, entonces, amenazó con privarlos de la luz de la Luna. Y en efecto el astro se ocultó, y los indios, aterrorizados, dejaron en libertad a los españoles. Lo que ocurrió era que Colón sabía que en esa fecha se iba a producir un eclipse de Luna y lo usó en su beneficio.

Eclipses de Sol históricos
Entre los primeros eclipses de Sol registrados en antiguas crónicas figura el del emperador asirio Asurbanipal, que dice: “En el mes de Tammuz ocurrió un eclipse de Sol. El Sol poniente deja de resplandecer y, como él, yo renuncio durante unos días a comenzar la guerra contra el Elam”.

El historiador griego Heródoto cuenta la influencia de un eclipse poco antes de las Guerras Médicas. “En el curso de una batalla, como la acción de guerra se enardeciera, el día fue repentinamente cambiado en noche”. Este acontecimiento fue previsto por el sabio Tales de Mileto, quien había advertido a los jonios dándoles la fecha exacta en que iba a ocurrir. Los medos y lidios, viendo esto, cesaron los combates y concertaron la paz.

Comienza la investigación
Los antiguos griegos fueron los primeros en deslindar la superstición de la ciencia y comenzaron a observar y a estudiar los fenómenos buscando la causa natural de los mismos. Así, estudiaron los eclipses de Luna y determinaron las dimensiones del satélite y la distancia a que se encuentra de la Tierra. También mediante los satélites aportaron pruebas para demostrar la redondez terrestre. Además, viendo que los eclipses de Sol eran unas veces anulares y otras totales, comprendieron que la distancia de la Luna era variable.

Los eclipses enseñaron al hombre que la noche no es más que una sombra, y que el Sol es la causa exclusiva del día. Desde el siglo V a. de C. el perfil circular del borde de la sombra de la Tierra sobre la Luna demostró que la Tierra es redonda y que está totalmente aislada en el espacio.

Estos descubrimientos constituyeron un progreso enorme para el pensamiento humano.

Los eclipses, hoy
La periodicidad de los eclipses permite predecirlos con anticipación, de modo que en los distintos observatorios astronómicos los hombres de ciencia pueden estudiarlo siguiendo su trayectoria.

Los eclipses de Sol constituyen el mejor instrumento para poder estudiar al astro luminoso, y saber lo que ocurre en la cromosfera, en la corona, en las emisiones de distintos rayos, etcétera. Todo esto mediante aparatos especiales, ya que la observación nunca debe ser directa, pues las radicaciones dañan la vista de modo irremediable.

Los eclipses de Luna permiten estudiar la alta atmósfera terrestre, donde los rayos del Sol se refractan hacia la Luna. Una prueba más de que toda observación científica trae como consecuencia un nuevo hallazgo, el que a su vez abre nuevos caminos para conocer y comprender el mundo que nos rodea.

“La observación continuada de los eclipses -dijo Paul Courdec-, el deseo de comprenderlos y más tarde de predecirlos, fueron el primer móvil de la ciencia, y, sin duda alguna, un factor primordial en el desarrollo intelectual del hombre”. La razón humana halló en ellos sus primeros grandes éxitos y su mejor campo para ejercitarse.

 

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Enviado por Manuel García F. el 21 septiembre, 2011. Asignatura Ciencias. Puedes seguir cualquier aportación hecha por los usuarios a esta entrada mediante RSS 2.0. O dejar tu opinión.

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